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Antonio Morales Méndez (*)
Al tiempo que conocemos que el número de parados en España ha
aumentado en el último trimestre en 802.000 personas, lo que coloca
al país en un total de 4.050.700 desempleados, sin que más de medio
millón de familias tengan algún tipo de prestación económica...
Cuando nos señalan que Canarias alcanza el mayor índice de desempleo
de España, con 280.600 hombres y mujeres sin trabajo, con una tasa
de paro absoluta del 26,1%, muy por encima de la media nacional…
Cuando el INE nos dice que el número de familias y empresas que han
entrado en quiebra, en los tres primeros meses del año, ha aumentado
en un 266% y que el número de españoles que no pueden pagar sus
deudas asciende a más de 2,7 millones...
Cuando observamos cómo los embargos de viviendas durante el 2008
superaron la cifra de 60.000 casos, previéndose para este año un
número cercano a los 80.000 y que la moratoria a los parados para el
pago de sus hipotecas,- anunciada como una panacea a bombo y
platillo por Zapatero pues alcanzaría, según él, a 500.000 familias-
sólo ha beneficiado a apenas medio centenar de personas con
dificultades y a unos 1.500 para la ampliación de plazos...
Cuando vemos cada día aumentar el cierre de pequeñas y medianas
empresas y autónomos, imprescindibles para el desarrollo del tejido
socioeconómico y se habla ya de más de 4.000 procesos concursales
para los próximos meses…
Cuando el Fondo
Monetario Internacional nos dice que España ya ha superado los
30.000 millones de euros, de los 50.000 previstos, para la compra de
activos, y calcula que no podrá recuperar más allá de un 50% de esta
cantidad y, lo que es más grave, que con el dinero de todos ayudar
a la banca supondrá para el Estado un 3,7% del PIB, lo que no se ha
traducido, en absoluto, en que se haya abierto la mano al crédito
para las familias y las empresas...
Cuando todo esto sucede, los medios de comunicación nos arrojan a la
cara, como el más cruel de los bofetones, datos y datos sobre las
ganancias de los banqueros, sus primas por jubilaciones, los
descuentos fraudulentos permitidos por el Estado para sus
desgravaciones de Hacienda, su complicidad perversa con los partidos
políticos, y su insistencia en burlar a los gobiernos, a las leyes y
al sistema democrático y sus sustentadores, los ciudadanos, sin que
nadie se cuestione la pérfida relación entre los datos sobre el
número de parados en España, el más alto de la Unión Europea, y el
que la banca de este país haya sido la que ganó más que el conjunto
de la europea el pasado año.
Así,
vemos como los grandes bancos de este país ganaron entre enero y
marzo de este año casi cuatro mil millones de euros –más de 665 mil
millones de las antiguas pesetas-, lo que se repite en bancos
europeos como el Barclays que aumenta sus ganancias en un 15%. En
concreto el Banco de Santander, por citar al que más ha ganado,
presenta una cifra de beneficios de más de dos mil millones, de los
cuáles 248 proceden de paraísos fiscales; sí, esos paraísos que el
G-20 ha prometido combatir, porque como todos sabemos, se utilizan
para evadir impuestos, ocultar dinero del narcotráfico, el trafico
de armas, los sobornos, la corrupción.......Y, además, el señor
Botín percibió un salario durante la crisis, en 2008, de más de 8
millones de euros, algo por otra parte que no es inusual en el
conjunto de la banca y los grandes holding, como Telefónica, donde
el sueldo de sus directivos multiplican en casi 40 veces la media
española.
Según el diario Público,
el sueldo de los banqueros ha subido un 19% en el último año y los
cuatro grandes bancos suman un plan de pensiones, para sus
directivos más importantes, de 491 millones de euros. Eso si, el
paradigma viene a ser el presidente de una “pobre” energética que ha
obligado al gobierno a subirnos las tarifas eléctricas en un 31%
antes del verano: me refiero a Ignacio Sánchez Galán, presidente de
Iberdrola que cobra al año casi 17 millones de euros.
Al
tiempo, conocemos por el diario El Mundo que el Sindicato de
Técnicos de Hacienda ha presentado ante el Tribunal Supremo una
demanda pidiendo la paralización de la rebaja fiscal, que bonifica
la tributación del IRPF de los banqueros, pasando de un 43% a un 18%
“los rendimientos obtenidos por la cesión a terceros de capitales
propios”, lo que es una copia literal de las alegaciones de la
Asociación Española de Banca (AEB) al proyecto de Ley del Gobierno.
Como
ven, la expresión visible de un sistema capitalista que derivó hacia
el más duro neoliberalismo y que controla todos y cada uno de los
movimientos de los gobiernos del mundo, sin que los Estados y sus
mecanismos de fiscalización puedan evitar este tipo de maniobras
especulativas que han puesto en riesgo la supervivencia del planeta
y el sistema democrático, y que ha propiciado el agotamiento de los
recursos naturales, el desarrollismo contaminador sin limites y las
desigualdades entre las personas y los pueblos de la Tierra.
Estamos -y no sólo sucede aquí, en España, ya que Francia,
Alemania, Inglaterra y Estados Unidos juntos han invertido más de
tres billones de euros en rescatar a la banca- ante una auténtica y
terrible socialización de las pérdidas de un sistema que, desde las
prácticas más corruptas e irresponsables, nos ha situado al borde
del abismo de una peligrosísima depresión que azota, con la mayor de
las virulencias, a las gentes más débiles y desprotegidas. Parece
que la filosofía imperante es la de que si se hunde la banca, se
hunde el sistema y entonces nos hundimos todos, pero para que eso
no suceda tenemos que afrontar las pérdidas con el dinero público.
No cabe por lo tanto otra medida que la de “indultarlos” con los
máximos honores y premiarlos para mantener el status.
La
Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) española ha vuelto a
advertir, ante la pasividad del Gobierno, de la utilización continua
del uso de la opacidad y de la falta de transparencia de la banca
frente a los usuarios; un uso alevoso, frecuente y continuado. No ha
servido de nada. No hemos dejado de volver a las andadas.
No
sirven de nada las llamadas, de un Gobierno ninguneado y cautivo, a
que los bancos abran los créditos a los distintos sectores de la
sociedad que los reclama. Como pasó en su día con las eléctricas
–ahora en un 40% en manos extranjeras-, desde el afán privatizador
que inició Felipe González y culminó con la más absoluta de las
complacencias José María Aznar, el Gobierno español se desprendió de
la banca pública –recuerden la operación Argentaria que pasó
finalmente al BBV- para ahora volver a inyectarles dinero. A cambio
de nada, en un proceso en el que claramente se engorda el capital
privado y su poder, frente a la perdida de recursos, a la entrada en
déficit, y por tanto, ante el debilitamiento del Estado. Permítanme
que, llegados a este punto, vuelva a insistir en el poder que
ejercen sobre los partidos y sus decisiones a través de su
financiación.
Tal y
como está el panorama, me temo que se quede en nada la sugerencia
del Premio Nobel de economía Paul Krugman: “sólo podemos desear que
nuestros lideres les demuestren que están equivocados, y lleven a
cabo una verdadera reforma. En 2008, unos banqueros demasiado bien
pagados que asumieron grandes riesgos con dinero de otros pusieron
de rodillas a la economía mundial. Lo último que necesitamos es
darles la oportunidad de volver a hacerlo”.
Lo
que parece meridianamente claro es que estamos ante más de lo mismo:
los que nos metieron en esta nube negra vuelven a campar a sus
anchas, vuelven a ganar dinero con maniobras fraudulentas, vuelven a
cobrar sueldos astronómicos, vuelven a los negocios oscuros, a los
paraísos opacos, a las ingenierías financieras y a la manipulación
inmoral de los activos tóxicos y la buena fe de los ciudadanos.
Mientras, el común de los mortales lo sigue pasando muy mal o vive
aterrorizado.
Ante
la falta de control público de la especulación y los abusos ¿no cabe
acaso una intervención judicial contundente que someta al imperio de
la Ley a esta pléyade de bancarotas?.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: Durmiendo en un cajero
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