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Durante muchos años el Gobierno de Canarias –cierto es que con
el apoyo de un sector minoritario pero poderoso dentro del
Gobierno central- no ha mirado en el plano energético más que
para el gas. Sin tener en cuenta otras realidades, este
combustible fósil se convirtió en el eje estratégico del Pecan y
a su alrededor se tejió una urdimbre de intereses políticos y
económicos que pretendía cimentar esa peligrosa conjunción de
intereses que se ha adueñado de un sector de la política y de
los negocios en Canarias.
Durante los
últimos cinco años los embates a favor de la implantación del
gas y de la construcción de dos plantas regasificadoras en
Granadilla y Arinaga han sido bestiales. Es más, en las últimas
semanas Paulino Rivero primero y Adrián Mendoza, director
general de Energía, después, han insistido y amenazado hasta la
saciedad con que el gas se incorporaría a la generación
eléctrica insular por narices.
Desde
distintos sectores de la sociedad canaria se ha venido librando
al tiempo una firme batalla en contra de que este combustible
fósil, contaminante -sobre todo por la emisión de metano, uno
de los mayores causantes del calentamiento global-, escaso,
lejano y en manos de un cártel de distribución que condiciona
gravemente la garantía de su suministro…, fuera la alternativa
que condicionara nuestro futuro energético, en detrimento de un
apoyo firme y decidido a las energías renovables, para las que
disponemos de las mejores condiciones climáticas.
Pues bien,
por fortuna la situación en estos momentos es bien distinta y
parece que la tozuda realidad insiste en desmontar todo aquel
conchabo que nació un día en el que a alguien se le ocurrió la
idea de montar a dedo una empresa (Gascan) para poner en manos
de un grupito de influyentes empresarios de Tenerife y Gran
Canaria, además de Endesa, la generación de energía en este
archipiélago.
Desde hace
varias semanas, y con la guerra de las eléctricas detrás
atacando a las renovables y presionando al Gobierno español para
que condicione las primas a este sector, a pesar de que produce
energía más barata que los combustibles tradicionales, venimos
asistiendo a un conjunto de informaciones que han puesto sobre
la mesa y transparentado la verdadera realidad del gas en
España.
Es mucha la información que he recopilado al efecto, pero voy a
compartir con ustedes sólo algunos de los aspectos más
significativos y determinantes que justifican el desistimiento
inmediato de la implantación del gas en esta Comunidad. El
pasado 28 de mayo durante la celebración de la junta general de
accionistas de Cepsa, el consejero de esta compañía Dominique de
Riverolles dejó meridianamente claro que había renunciado a
formar parte de Gascan y que veía ahora absolutamente inviable
la inversión en gas en Canarias. Pero esto no sólo ocurre por
estos lares. Ya les he contado cómo el presidente de Iberdrola
advertía de que su empresa no construiría más plantas de ciclo
combinado en ningún sitio y que Unesa, la patronal de las
eléctricas, había señalado que se corre el riesgo de tener
ociosos 25.000MW de equipos casi nuevos y sin amortizar para los
próximos años, en coincidencia con el ministerio de Industria
que prevé una reducción de un 25% en la producción de los ciclos
combinados de aquí a 2020. Y hay más. Antoni Peris, presidente
de la Asociación Española del Gas (Sedigás) pidió claramente el
último día de mayo que se contuviera el desarrollo de
tecnologías “menos maduras” (se refiere a las renovables), ante
la caída de los ciclos combinados cuyo uso apenas ronda en la
actualidad entre el 30% y el 35% y que muchas veces los 55
grupos instalados en España, con una potencia total de 22.000 MW
han estado parados. Se sumaba así a las múltiples y coincidentes
declaraciones de los últimos meses de las empresas más
importantes del sector. También hemos sabido que la mayor parte
de ellas han frenado sus inversiones en centrales de gas, con un
recorte cercano a los 7.000 millones, de los que un 52%
corresponde a Endesa que ha anunciado que dejará de invertir en
la planta de gas de Sagunto y en Compostilla y que se piensa
hacerlo también en la de Ferrol. Por su parte José Antonio
Guillén, responsable de Gas Natural-Fenosa, ha declarado que
“quien hoy haga un ciclo combinado es que está mal de la cabeza;
los que están, están, pero no hay que hacer ninguno más”. Joao
Manso, consejero delegado de EDP y HC Energía advirtió del
“riesgo de cierres” de ciclos combinados y “que las plantas de
este tipo construidas para 5.000 ó 6.000 horas anuales funcionan
hoy por hoy 2.500 horas”. En Asturias el PP ha acusado de
desastrosa la planificación energética de Areces, ya que después
de “vender” la instalación de diversos ciclos combinados como la
panacea “se ha demostrado hoy en día que el exceso de capacidad
instalada en España de generación eléctrica basada en el gas y
el auge de las renovables supone que los ciclos combinados sólo
se utilizan al 20%, lo que elimina de un plumazo la construcción
de nuevas plantas en Asturias”. Miguel Angel Patiño escribía en
Expansión hace poco que “en 2009, la producción eléctrica con
ciclos combinados (que funcionan quemando gas) se hundió hasta
80.000 gigavatios hora, un 12% menos. En 2010, se prevé un
batacazo mayor: 59.200 gigavatios. Los ciclos combinados, otrora
la niña bonita, son ahora el patito feo”.
Y podría
seguir y seguir poniendo ejemplos, pero me paro aquí para
comentarles la contestación a todo esto del ministro Sebastián:
“la construcción de ciclos combinados de gas en la última década
respondió a decisiones de inversión privadas que conllevan un
riesgo para las empresas” y que la planificación energética de
2002 preveía el desarrollo de 9.000 MW durante la década y que
hoy en día hay ya instalados 22.000 MW. Aunque, claro, se trata
de una contestación con la boca pequeña: ya se ha apresurado a
contentarles al anunciar una nueva subida de entre un 4% y un
10% en la factura de la luz.
Por eso las
presiones en estos días de las grandes eléctricas al Gobierno
español para frenar su apoyo a las renovables, insistiendo en la
estrategia que ha provocado el secular retraso de la
implantación de energías verdes en Canarias. ¿Caen ahora en por
qué no han avanzado las renovables en estas islas y por qué se
ha defendido a muerte la implantación del gas? Y es que la pela
es la pela. Y es que la pela y la política son la remonda.
El informe
del Cluster Ricam (Femepa y Femete) destaca que generar
electricidad utilizando energía eólica en Canarias costaría la
mitad que con los medios convencionales y que sería más
rentable también con fotovoltaica; la patronal eléctrica de
Europa, Eurelectric, acaba de hacer pública su voluntad de
apuesta por Canarias como laboratorio de nuevas tecnologías
ligadas a las energías en el ámbito de las renovables; se me
ponen los dientes largos cuando leo que Dos hermanas (Sevilla)
ha constituido un consorcio para hacer realidad la Ciudad de la
Energía, un proyecto centrado en las renovables que prevé crear
más de tres mil puestos de trabajo… Y nosotros por aquí
insistiendo en el gas, los pelotazos y las chapuzas. |