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A finales del año pasado el Gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero aprobaba una Ley de Economía Sostenible que se
presentaba como la auténtica alternativa a un modelo económico
obsoleto que estaba situando a España, como hemos visto después,
a los pies de los caballos de los mercados. La propuesta, que
iba “a sacar reforzada a España de la crisis” se sostiene en
cuatro ejes fundamentales: el ahorro energético; las energías
renovables; una educación de calidad y la inversión de I+D+i.
En estos días
el Consejo de Ministros ha aprobado la Estrategia Estatal de
Innovación cuyos objetivos son impulsar el desarrollo
tecnológico y la innovación como líneas fundamentales del cambio
de modelo productivo español. Se pretende integrar y coordinar
todas las actuaciones de la Administración que tienen un impacto
positivo en el impulso a una economía más innovadora y
competitiva, para acelerar nuestra recuperación económica,
consolidar un crecimiento más sostenible y generar empleo. En
uno de sus ejes se hace especial énfasis en crear oportunidades
de negocio para empresas innovadoras en espacios como la
economía verde o la economía de la salud.
No cabe la
menor duda de que el marco teórico abre perspectivas de futuro,
aunque la realidad es muy contumaz y nos demuestra que la
educación empeora cada día, que las partidas económicas
destinadas a la investigación disminuyeron considerablemente en
los Presupuestos del Estado de 2010 y que en el ahorro
energético y las energías renovables, donde ocupábamos hasta
ahora un papel preponderante, empezamos a perder posiciones
debido a las presiones sin tino del lobby eléctrico que opera en
este país y que, como todo el mundo sabe, está mayoritariamente
en manos del Gobierno italiano y del alemán y lo que nos va
quedando, caso Iberdrola, está siendo amenazado por una OPA de
la eléctrica estatal francesa EDF. Por cierto, qué curioso que
Iberdrola, prácticamente la única que ha apostado decididamente
por las renovables, haya recibido un embate en estos momentos
de la agencia de calificación Moody’s bajándole la nota de
calificación. Blanco y en botella…
Efectivamente, mientras en EEUU Barak Obama pone en marcha la
mayor planta solar del mundo -280 MW- en Arizona, de la mano de
la empresa española Abengoa, que ha visto subir sus acciones por
este hecho en un 9% y que es dueña de una tecnología punta en el
sector (un claro resultado del capital humano y tecnológico que
se ha ido labrando en los últimos años en España desde el
impulso a las renovables); mientras el presidente americano
señala que esta instalación se encuentra dentro de su Plan de
Recuperación Económica, centrado en aumentar los gastos de
infraestructura y en el impulso de una nueva Ley de la Energía
que estimule la transición a una economía basada en tecnologías
limpias, España pierde dos puestos en el ranking internacional
de atractivo para la inversión en energías renovables. Según un
reciente estudio de Ernst & Young, en estos momentos Francia y
Reino Unido se han puesto por delante de España, -que antes sólo
se veía superada por EEUU, China, India y Alemania-, debido,
fundamentalmente, a la apuesta de esos países europeos por la
inversión en energías limpias y por las secuelas del debate y
la posterior claudicación del ministro Sebastián ante el lobby
energético comprometiendo el futuro de las renovables. Es más,
para Francisco Rahola, uno de los responsables de E & Y,
“teniendo en cuenta que la legislación actual aún garantiza una
rentabilidad razonable para las instalaciones renovables, el
nuevo marco regulatorio podría suponer un descenso de la misma
para determinadas tecnologías que podría frenar las inversiones
futuras”.
Durante los
últimos meses hemos sido testigos de una presión hasta la
extenuación de este lobby, repito, en su mayor parte extranjero,
para forzar al ministerio de Industria a recortar las primas a
las energías renovables, incluso con carácter retroactivo, hasta
conseguir un pronunciamiento favorable de Sebastián con los
resultados que ya he señalado, además de una huída de
inversiones de más de 10.000 millones de euros.
Con una
presencia altamente significativa en importantes medios de
comunicación y entidades bancarias, el lobby no ha cesado de
hacernos llegar campañas mediáticas hablándonos, entre otras
cosas, de fraudes fotovoltaicos ficticios y de una necesaria
subida de los precios de la electricidad para poner al Gobierno
contra las cuerdas de la opinión pública.
Y no se han
ido de rositas. El objetivo de frenar las energías renovables ha
dado sus frutos. Por lo pronto la reducción de las primas es muy
importante, pero lo es más aún el efecto colateral de hacer huir
a los inversores y así mantener el monopolio y el mercado y así
seguir marcando las tarifas a su antojo. Pero quizás lo más
significativo sea el pacto entre el PP y el PSOE para reordenar
el sector eléctrico, al que se ha visto forzado el ministro de
Industria para no tocar la factura de la luz, y que no nos va a
traer en el futuro sino más poder de las eléctricas y más poder
para el carbón, el gas y el petróleo, porque en ello les va la
vida que es lo mismo que la cuenta de resultados. Al medir
contaremos.
Por lo pronto
han resucitado la patronal del sector, Unesa -que perdió su
poder con las privatizaciones de los 90 y las luchas de
intereses entre ellos- y desde allí han orientado toda esta
campaña que ha hecho doblar la rodilla al Gobierno. La CNE dice
que se hace ahora necesario regular precios en el segmento
mayorista para evitar maniobras especulativas amparadas en la
liberalización, y la Comisión Europea dice que vigilará el pacto
energético que negocian el Gobierno y el PP. También el
comisario de Competencia, Joaquín Almunia, advirtió que va a
analizar los contenidos. Pero me temo que todo será papel
mojado. Quienes quitan y ponen ministros, condicionan la vida de
los partidos con sus aportaciones y son capaces de hacer bajar a
un país en el ranking internacional de energías renovables y
condicionar su futuro energético, no están en disposición de
aceptar ningún control público.
Mientras, nos
seguirán inundando con una inversión millonaria en publicidad
que somete a muchos medios de comunicación y toma el pelo a
miles y miles de ciudadanos. Así, por ejemplo, al tiempo que el
presidente no ejecutivo de Endesa (Enel), Borja Prado, declara
que las renovables son “un lujo inabordable”, nos lanza una
página en los periódicos con la imagen de una planta
fotovoltaica en la que se lee que “el sol ha renovado todas
nuestras energías”, o bien otra en la que afirma que “Enel
trabaja con toda su energía por el medio ambiente”. Como
escribe Irene Lozano: “Inventemos el futuro” es uno de los
utópicos lemas de Repsol y, sin duda, también un ejercicio de
sublimación del trabajo de refinería. En su campaña titulada
“Hacia una nueva conciencia”, Endesa por su parte proponía
“cambiar el mundo” y “reinventarlo todo”. Las multinacionales
de la energía consagran así su papel como suministradoras de
combustible para los sueños del gentío. Y no se oye un gemido”. |