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Antonio Morales Méndez (*)
Hace apenas dos
semanas escribí un artículo titulado ¿Hacia un “Tebeto eólico”? en
el que demostraba que la práctica totalidad de los parques eólicos,
resultantes del último concurso fallado en esta Comunidad, no iban a
poder instalarse. Insistía en el texto citado en llamar la atención
sobre la ausencia de requerimientos a los concursantes sobre la
calificación de los suelos donde se instalarían los aerogeneradores
y la falta de coordinación entre las distintas consejerías del
Gobierno canario, lo que propició que, en pleno concurso, una
modificación de la Ley de Medidas Urgentes introdujera un artículo
referido al suelo rústico de valor económico -concretamente el 55-
por el que se impide instalar en ellos más allá de una potencia
máxima de 1,5 MW (apenas un molino). Si la potencia mínima a
instalar es la de 4 MW está clarísimo que va a ser inviable la
materialización de algún parque eólico.
Unos días más
tarde, la Consejería de Política Territorial del Cabildo grancanario
hacía público un informe en el que se afirmaba que el 80% de los 15
nuevos parques eólicos adjudicados en esta isla choca frontalmente
con el Plan Insular de Ordenación y no digamos nada de lo que
sucederá con la aprobación del Plan Territorial Especial de
Ordenación de Infraestructuras de Producción, Transporte y
Almacenamiento de Energía Eólica ( PTE 32), ahora en trámite.
También por esas fechas el consejero de Empleo Industria y Comercio
del Gobierno de Canarias, Jorge Rodríguez, me acusaba de estar
interrumpiendo el proceso y de falsear la realidad dado que
-afirmaba- hago un mal uso del artículo 55 y no me refiero para nada
al 62 que es el que salva las objeciones a las que alude. En todos
los casos Jorge Rodríguez afirma que no es cierto lo que planteo y
que los parques se podrán instalar sin problemas.
Llegados a este
punto, quiero decir, con absoluta firmeza y rotundidad, que no es
cierto lo que dice el consejero de Industria y que el artículo 62,
tanto en la Ley de Medidas Urgentes de este año como en las
Directrices de Ordenación de 2003, se refiere a Proyectos de
Actuación Territorial, una figura compleja y excepcional, cuyo
trámite puede alargarse tanto como para la aprobación de un Plan
General. Es decir, si algún parque logra acogerse a un PAT, si
alguno de ellos lograra colarse por esta vía, su constatación física
no será nunca antes de cinco o seis años, y eso sin contar con los
PGO de los municipios, el PIO y el PTE 32.
Dice el
catedrático grancanario de Derecho Administrativo, Andrés Betancor,
que el Derecho urbanístico canario es el más complejo del mundo.
Pues ni por esas el Gobierno fue capaz de coordinarse interiormente
ni fue capaz de coordinar los planes de ordenación de otras
administraciones y sacar un documento sobre espacios reales
susceptibles de ser utilizados para instalar parques eólicos.
Insisto de nuevo
en afirmar, con todo el dolor de mi alma por lo que nos va en ello,
que va a ser prácticamente imposible que los parque eólicos
resultantes del último concurso se puedan instalar y reto al
Consejero Jorge Rodríguez a que, de la misma manera que lo estoy
haciendo yo ahora, demuestre lo contrario. A los diez años que
llevamos sin instalar un nuevo molino en Canarias se sumarán otros
cinco o más, por lo menos, sin que podamos aprovechar este recurso
natural. Otra cosa será dilucidar si algún avispado utilizará
argucias administrativas y judiciales para pedir indemnizaciones
millonarias, pero lo cierto es que la realidad es terca y el
Gobierno ha metido la pata hasta el corvejón. Y aquí no pasa nada.
Nadie dimite. La sociedad calla, los afectados se arrugan por si las
represalias…Es como si la abulia, el miedo y la desinformación se
adueñaran del sentir colectivo. Así nos va.
No es casualidad
por tanto que en este archipiélago atlántico -la Arabia Saudí de las
energías renovables como la denominó Jeremy Rifkin- andemos a la
cola en la producción de energía eólica en España. Para el
Observatorio Eólico de la Asociación Empresarial Eólica, Castilla-La
Mancha (3.415MW), Castilla y León (3.334MW) y Galicia (3.145MW) son
las regiones con mayor potencia eólica instalada en España y en el
extremo opuesto se sitúan Canarias (134MW), Cantabria (17,85MW) y
Baleares (3,5MW). Andalucía ha incrementado en dos años un 196% su
porcentaje ocupando en la actualidad el cuarto lugar en producción;
Murcia ha vivido un aumento del 125% y la Comunidad Valenciana un
112,68 %. Y nosotros un cero patatero.
La Agencia
Internacional de la Energía ha abogado recientemente por una
revolución que lleve a la energía eólica a superar en sólo 10 años
la potencia nuclear en el mundo; en un estudio publicado en Science
y realizado por la universidad de Harvard y la de Tsinghua de Pekín
se asegura que al ritmo que lleva instalando grandes parques, China
podría abastecerse sólo de energía eólica en 2030; en el informe “El
futuro de la energía eólica: aumento de la rentabilidad y la madurez
tecnológica”, elaborado por Busines Insights, se afirma que la
energía eólica es una fuente de energía altamente competitiva frente
a la energía nuclear y a centrales avanzadas de carbón y gas,
incluso sin los créditos fiscales, de acuerdo con las últimas
comparaciones de costes; el Departamento de Energía de Estados
Unidos ha dicho recientemente que la energía eólica podría
proporcionar en el 2030 el 20% de electricidad del país y que, al
tiempo, crearía medio millón de puestos de trabajo, más o menos los
mismos que prevé hacer España por el mismo periodo; sólo en Europa ,
según la Dirección General de Energía de la Comisión Europea, las
renovables emplean a un millón y medio de trabajadores; un grupo de
ingenieros de la universidad de Zaragoza ha concluido que la energía
eólica puede alcanzar el 30% de la producción energética española en
2030; de acuerdo con los datos de la AEE, España ocupa el segundo
lugar en Europa, tras Alemania, y el tercero mundial en la
producción de esta energía; el Consejo Global de la Energía Eólica
asegura que España, Estados Unidos y China lideraron en los dos
últimos años la instalación de energía eólica en el mundo, que ha
aumentado en este periodo un 27%; un estudio del Departamento de
Ciencias Planetarias y de la Tierra de la Universidad de Harvard
afirma que la energía eólica permitiría producir 40 veces más
electricidad que la que consume el mundo entero anualmente y que
sólo EEUU tiene viento suficiente como para cubrir con la tecnología
eólica 16 veces su demanda de electricidad; Reino Unido ha iniciado
la reconversión de su industria petrolera de alta mar hacia la
eólica y la potencia de todos sus molinos sería equivalente a la de
25 plantas nucleares; hace escasas fechas Noruega ha inaugurado el
mayor parque eólico marino, con una producción total de 209MW, lo
que equivale al consumo eléctrico de 200.000 viviendas y, por
último, y para no cansarles, Noruega acaba de inaugurar también el
primer molino eólico flotante del mundo, capaz de abastecer a más de
mil personas, en un mar con más 120 metros de profundidad.
¿Y nosotros, en
Canarias? A la cola, y, a tenor del concurso fallido, por muchos
años. Como empujados por un viento que se niega a llevarnos a
ninguna parte.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: El consejero y sus molinos
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