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El 18 de noviembre de 2009 escribí un artículo en este medio de
comunicación preguntándome y preguntando sobre si, de verdad, esta
isla necesita una tercera pista para un aeropuerto que no cumple con
ninguno de los escenarios de crecimiento de pasajeros desde el año
2002. Cuestionaba entonces el Plan Director, sus continuas
modificaciones sustanciales sin contar con los ciudadanos y las
instituciones, al margen de las garantías jurídicas y
constitucionales concretadas en los principios de legalidad, de
publicidad de las normas y de seguridad jurídica. Señalaba entonces
que todo el planeamiento y el desarrollo del corredor del sureste se
encontraban paralizados y que, además, lo estaba toda la isla ya que
ocho planes territoriales importantísimos que desarrollan el PIO
están estancados por las afecciones de las servidumbres
aeronáuticas.
El pasado 25 de
enero, el Ayuntamiento de la villa de Agüimes, a través de una
moción de Roque Aguayro, aprobó demandar del ministerio de Fomento
una urgente revisión del Plan Director del Aeropuerto de Gran
Canaria, tal y como establece la legislación vigente -al haber
transcurrido ocho años desde su publicación- y de los proyectos
previstos para ese espacio, dado que todo el planeamiento del
municipio se encuentra paralizado porque Aviación Civil dilata sine
die los informes preceptivos y el pronunciamiento obligado sobre un
Estudio Alternativo de Seguridad Aeronáutica presentado por el
consistorio agüimense en septiembre de 2008, sin recibir ningún tipo
de respuesta, aunque está obligada a hacerlo en dos meses.
Para qué fue
aquello. Casi nos matan. Consejeros insulares, el propio presidente
y diversos ediles municipales, de los que muchos nunca alzaron sus
voces demandando el freno de estas prácticas antidemocráticas por
parte de una administración del Estado, salieron a la palestra
defendiendo la tercera pista para un futuro y un fin inciertos y
obviando lo más sustancial: la paralización de la Isla por los
caprichos despóticos de Aviación Civil.
Pero todo pareció ser una reacción pasajera. En las semanas
posteriores empiezan a sucederse en cascada declaraciones de
instituciones, cargos públicos y organizaciones ciudadanas
demandando la paralización de las afecciones a los desarrollos de
los municipios afectados y de la isla y solicitando compensaciones a
los daños que se generan. Así vemos como la Fecam pide a AENA que
sólo afecte el espacio necesario para sus operaciones, liberando los
espacios en los que no sean necesarios los apantallamientos y que
revisen las tablas para la instalación de aerogeneradores, a los que
en estos momentos se niega cualquier posibilidad de implantación.
Nos enterábamos también, que, además de los planes territoriales, al
menos medio centenar de proyectos urbanísticos del sureste se
encuentran paralizados; que los vecinos de Ojos de Garza anunciaban
que llevarían al Juzgado la ampliación; que ésta afecta en Telde a
más de treinta y cinco mil viviendas impidiéndoles hasta la
colocación de una antena; que Ingenio denuncia ante Aviación Civil
los ruidos “inaguantables” que producen los aviones que se saltan
continuamente las normas de aproximación; que AENA congela la
creación del Parque Empresarial de Gando al emitir un informe
desfavorable en cuanto a las servidumbres aeronáuticas derivadas de
la tercera pista; que unas nuevas radiobalizas pendientes de
colocación impedirían instalar un aerogenerador en un radio de
treinta y cinco kilómetros, es decir prácticamente en toda la isla;
que según el Sindicato Independiente de Trabajadores de Canarias, la
ampliación de Gando pone en peligro el futuro de 230 empresas y casi
2.400 puestos de trabajo…
Aunque las
gestiones del Cabildo y los ayuntamientos afectados se han
intensificado en las últimas semanas para salvar esta situación de
paralización e incertidumbre, la verdad es que la actitud del
aparato del Estado ante los ciudadanos y sus instituciones locales
es descorazonadora.
El ninguneo y el
desprecio toman forma con contundencia en la Ley 5/2010, de 17 de
marzo, por la que se modifica la Ley 48/1960, de julio, de
Navegación Aérea, que se aprueba expresamente para impedir la
ejecución de una sentencia del Tribunal Supremo que reconoce el
derecho a la intimidad de los habitantes de la urbanización de
Ciudad de Santo Domingo, en Algete. Se permite a AENA entonces
alegar que como ha habido un cambio normativo, no se puede ejecutar
la sentencia y, por otra parte, y, más allá de la Ley de Navegación
Aérea de 1960 que obliga a “garantizar que se respeten los objetivos
de calidad acústica fijados en la normativa estatal”, esta
modificación establece que “será obligatorio soportar los niveles
sonoros, sobrevuelos, frecuencias e impactos ambientales generados
por la navegación aérea”. Como figura en el acta del Congreso de los
Diputados del día 11 de febrero de 2010, sólo Rosa Díez y el
peneuvista José Ramón Beloki alzaron sus voces contra esta flagrante
injusticia. Para la líder de UPyD, el Gobierno sólo pretende que se
le ayuda con la aprobación de esta ley “a incumplir una sentencia
judicial, y a que ciudadanos que tienen derecho a la tutela efectiva
de la ley se queden sin ese derecho”. Según se recoge en su
intervención en las Cortes, este proyecto de ley “contraviene el
ordenamiento jurídico, elimina el derecho a ser indemnizado por la
privación de un bien o derecho recogido en el artículo 33.3 de la
Constitución”. Según Beloki Guerra, esta ley “ad casum”, hecha para
zanjar una situación concreta, “roza la inconstitucionalidad,
introduce más confusión en la normativa vigente y deja a los
afectados más desamparados “y, casi lo peor, constituye una vez más
la forma habitual de actuar del ministerio de Fomento y de AENA”.
La que nos
espera. Años de retrasos intencionados, paralizaciones interesadas y
despotismo y ahora miles de ciudadanos afectados por el ruido. Miles
de ciudadanos obligados a soportar un nivel considerable de riesgo
para su salud. Núcleos de población consolidados obligados a
soportar una pérdida de calidad de vida más allá de lo razonable.
Familias que van a ver depreciadas al máximo sus viviendas, y un
Estado que nos desprotege para protegerse.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: Panorámica del aeropuerto de Gando
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