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Antonio Morales Méndez (*)
A hurtadillas.
Obviándose toda la debida información a los ciudadanos y sus
organizaciones sociales, se viene produciendo durante estos días en
torno a la energía, un sector estratégico fundamental para el
desarrollo y la supervivencia de un país, una serie de hechos de
singular y grave trascendencia sin que apenas pasen de ser fútiles
sueltos en los periódicos.
Desde la
privatización del mercado eléctrico, de una dureza extraordinaria al
facilitar con total alevosía el enriquecimiento privado a costa de
los recursos públicos y propiciada por el ínclito José María Aznar
con la Ley del Sector Eléctrico de noviembre de 1997 y la Ley de
Hidrocarburos de mayo de 1998, el sector no ha frenado sus ansias de
enriquecimiento, más allá de las leyes del mercado y del orden
jurídico. No le ha pagado mal el neoliberalísmo a nuestro
expresidente, quizás por eso se dedica con una fidelidad absoluta a
la defensa del negacionismo del cambio climático y a asesorar a
importantes empresas americanas de electricidad como Doheny, News
Corporation y J. E. Roberts, cuando no a sacar a la luz en EEUU
informes contra el potencial español de generar tecnología para las
renovables.
Desde esas fechas
hasta la actualidad hemos asistido, sin descanso, a continuas
maniobras especulativas de compraventa y de monopolización del
mercado; de arribadas de las constructoras al pelotazo eléctrico
fácil; de cesiones de propiedad de unas empresas españolas antes
públicas, de todos, a empresas estatales de otros países como Italia
(Enel se hizo con Endesa), Alemania (E.ON se apropió de Viesgo) y
ahora Francia (que va a por Iberdrola); de continuas presiones y
chantajes a los gobiernos de turno para frenar las renovables y para
subir las tarifas, etc.
Pues bien, hecha esta introducción, déjenme que comparta con ustedes
los más cercanos acontecimientos protagonizados por este oligopolio.
La historia de este último culebrón-estafa se remonta a principios
de octubre de este año cuando se nos informa que la Comisión
Nacional de la Competencia (CNC) abría un expediente a nueve
eléctricas por alterar el mercado para aumentar ficticiamente el
precio a pagar por los ciudadanos españoles. Según los técnicos de
la CNC, Iberdrola, Endesa, Gas Natural-Fenosa, Hidrocantábrico, E.ON,
Electrabel, Aceca, Elcogás y Nueva Generadora del Sur,
aprovechándose de su condición de oligopolio forzaban
artificiosamente el sistema de riesgo de suministro (se conoce como
mecanismo de restricciones técnicas) para cobrar también unas
tarifas a los ciudadanos artificiosamente altas. Una auténtica
estafa organizada que no se produce por primera vez, ya que el año
pasado la CNC les abrió también un expediente por falseamiento del
sistema de formación de precios, algo que, por otra parte, les
afecta muy poquito porque, por ejemplo, Gas Natural fue sancionada
hace poco por las mismas prácticas con 1,5 millones e Iberdrola con
15,4, lo que no les supone nada más que suaves cosquillas, ya que es
más o menos el equivalente a lo que cobran los presidentes de las
compañías al año. ¡Una auténtica vergüenza y una auténtica
injusticia!
Pero lejos de
esconderse y pedir perdón, el sector se rearma y pasa a un durísimo
contraataque organizado contra el Gobierno español desde varios
frentes. Así, mientras el ministro Sebastián negociaba con los
representantes de las renovables los cupos y las subvenciones para
los próximos años, los señores de las eléctricas convencionales
inician una escalada de presiones al ejecutivo de Rodríguez
Zapatero. Un día sí y otro también aparecen en escena personajes
como Rafael Villaseca (Gas Natural y por tanto La Caixa y Repsol) o
Antonio Brufau (Repsol YPF) criticando al gobierno por querer ser
“el primero de la clase” en la lucha contra el cambio climático por
su apoyo a las energías renovables y cuestionando igualmente las
primas que el ministerio concede a las energías limpias, de las que
llegan a pedir la total eliminación. ¿Y todo esto por qué? Porque
su objetivo prioritario es sacar sus bolsas de gas excedente, que
tiene una tendencia de precio alcista, mientras que las renovables
tienden a la baja y a demostrar su tremendo potencial, como lo hizo
a principios de noviembre, alcanzando en la madrugada del día 8 un
hito de producción del 53 % de la demanda peninsular. Y eso no les
conviene.
Les importa un
comino que las energías limpias sean una auténtica garantía de
futuro; que abran enormes posibilidades a la creación de un millón
de empleos en los próximos años; que signifiquen una contribución
estructural a la productividad, la competitividad, la exportación y
el desarrollo económico; que no estén sujetas a condicionantes
políticos externos como la OPEP o a la escasez de los fósiles.
Les importa un
comino lo que dice un estudio que acaba de publicar Deloitte en el
que se afirma que, frente a los 2.605 millones recibidos en primas
por las renovables en 2008, el sector redujo en 4.919 millones el
precio de generación de energía, evitó importaciones por 2.725
millones, aportó 1.277 millones a la balanza comercial, recortó en
499 millones las emisiones de CO2, tuvo 404 millones de superávit
fiscal y destinó 315 millones a I+D+i. Y, además, evitó la emisión
de 18.600 toneladas de óxido de nitrógeno y de 34.300 toneladas de
azufre, lo que, trasladado al impacto de estos elementos sobre la
salud, equivale a 2.430 años de vida y 132 millones en gastos
sanitarios.
¿No justifica
todo esto que se prime un modo de generar energía que implica
enormes beneficios (que también se deberían cuantificar en dinero)
frente a otro que contamina, nos hace dependientes del exterior,
tiene enormes gastos ocultos y muchísimas subvenciones indirectas?
Como quiera que el
Gobierno central desoye estas presiones sellando la paz con las
renovables al garantizar cupos y primas hasta 2012, la estrategia se
dirige entonces a conseguir que la Comisión Nacional de la Energía
asuma una subida del 18% en las tarifas eléctricas a los
consumidores para el 2010, con el argumento de que las primas a las
energías limpias generan un déficit a los productores
convencionales. Desgraciadamente el Gobierno se pliega a este ultimo
embate proponiendo para enero un aumento en la tarifa de acceso del
14,23%, lo que significa un 7% para 22 millones de hogares a los
que, en plena crisis somete a una nueva e importante pérdida de
nivel adquisitivo o, peor aún, a la imposibilidad de poder pagarla
en el caso de las familias con miembros en paro. En realidad,
estamos asistiendo a la consolidación de un aumento real cercano al
40% en apenas dos años.
Lo terrible de
todo esto es que el déficit es un montaje del oligopolio -no sólo
lo llamo yo así, un estudio del banco alemán Commerzbank lo ratifica
con contundencia- al que se pliega, una y otra vez el Gobierno que
corresponda.
Para la
Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) este presunto déficit
es un invento pues se parte de una división ficticia entre
productora, distribuidora y comercializadora, que en el fondo son la
misma.”Se trata de un artificio contable que apunta en el déficit a
la empresa distribuidora y genera un beneficio a la productora. No
se entiende si no, que las empresas de este calibre tengan un
volumen tan grande de déficit y por otro lado presenten un beneficio
extraordinario”. De miles y miles de millones de euros, digo yo.
El objetivo es
llenar y llenar las arcas de un emporio incontrolable y además
frenar la democratización del sistema estatal de generación de
energía. Y eso lo pagamos todos los ciudadanos de a pie, sin que,
por lo visto tengamos a nadie que nos defienda.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen:
Energías renovables
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