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Antonio Morales Méndez (*)
En menos de un mes me he visto en la obligación de escribir
tres artículos acerca de la política energética que venimos
sufriendo en Canarias y en España al socaire de la complacencia y la
incapacidad de las administraciones responsables y sus gestores y de
una práctica empresarial encaminada, por encima de cualquier otra
cosa, a conseguir una buena cuenta de resultados. Es una de las
consecuencias de una privatización que inició Aznar en 1997 y que no
parece recordar María Dolores de Cospedal que acaba de declarar que
sería bueno saber que piensa el Gobierno “acerca de que una empresa
pública extranjera tenga una posición importante y de dominio en un
sector estratégico como el de la electricidad en España”. Me animó
a iniciar esta trilogía el primer cero eléctrico de Tenerife y su
posterior cascada de acusaciones, rasgados de vestiduras y despejes
a corner, para derivar todas las responsabilidades en los
ciudadanos, ayuntamientos y cabildos, y conseguir que sus auténticos
responsables –el Gobierno y la empresa encargada de generar y
suministrar la energía- salieran de rositas. De paso conseguían la
excusa perfecta para hacer posible un nuevo recorte de libertades
del que les hablaré más adelante.
Ya relaté en el
primero de los textos a que me refiero que los dos apagones de
Tenerife no eran nada nuevo sino que reproducían situaciones ya
dadas en años anteriores. Pero esto no sucede sólo aquí.
Desgraciadamente si uno repasa las hemerotecas constata con enorme
desazón que estos hechos se repiten una y otra vez no sólo en la
península ibérica sino también en los países europeos más
importantes. Vayan allá algunos ejemplos.
El 14 de diciembre
de 2001 una nevada, como ahora, dejó sin luz a un millón de personas
en Cataluña. Ya en aquella ocasión se produjo, como es tónica
habitual, un cruce de acusaciones entre los responsables políticos y
la empresa suministradora, aunque al final todos se pusieron de
acuerdo en derivar la culpa hacia los ciudadanos. Menos mal que La
Vanguardia tuvo la valentía de afirmar que Endesa acumulaba ya
entonces un déficit importantísimo de inversiones que cifraba en un
60% en la mejora de la red de media y baja tensión, un 26% en las
nuevas líneas de alta tensión y un 14% en nuevas subestaciones.
En 2003 las
comunidades que sufrieron más apagones fueron Melilla, Baleares,
Ceuta, Canarias y Andalucía, todas ellas con Endesa como principal
compañía suministradora. Durante la inauguración del II Foro Mundial
sobre la Regulación de la Energía, el comisario europeo de la
Competencia, Mario Monti, afirmó que los apagones que se habían
producido en los últimos tiempos eran el resultado de “graves
lagunas de inversión”.
En 2005 el
apagón más significativo fue el que produjo la tormenta tropical
Delta en Tenerife y en 2006, mientras se hacía público que Endesa
lograba unos beneficios en el primer semestre de 1.756 millones de
euros, un 83,7% más que el año anterior, al igual que Iberdrola y
Unión Fenosa, en todo el territorio peninsular se sucedieron, en
cascada, un número importante de apagones, en su mayoría en verano.
En ese mismo año, diez millones de personas de nueve países europeos
distintos (cinco de Francia) se vieron a oscuras de un momento para
otro debido a un fallo que se produjo en la red en Alemania. El
ministro alemán de Economía Michael Glos declaró sin dilación que
E.ON debía explicar urgentemente lo ocurrido y que “los tendidos
antiguos tienen que sanearse “. El ministro de Medioambiente, Signal
Gabriel y la portavoz de Los Verdes apelaron a las obligaciones
legales del proveedor y a “invertir parte de sus muy altos
beneficios en la mejora de la red”.
En 2007 Barcelona
se quedaba igualmente a dos velas, lo que obligó al ministro de
Industria Joan Clos a salir urgentemente a la palestra a anunciar
que se iban a acelerar los planes de mejora de la red eléctrica.
Como recogió Expansión en su momento, el profesor de Economía de la
U. de Barcelona José María Gay atribuyó a la falta de inversiones
(porque donde ganan dinero realmente es en la generación y no en la
distribución) y porque “en el caso de Fecsa-Endesa, están
preocupados por otros temas como las opas. Saben que no pasa nada,
porque sólo les abren un expediente y les ponen una sanción
mínima”.También en 2008 Cataluña volvió a sufrir un apagón que se
saldó con una multa de 61.000 euros a Endesa y Red Eléctrica. Miren
si les sale barato. Por cierto, el TS, dándole la razón a la
Generalitat, acaba de resolver, nueve años después, una sanción de
1,2 millones de euros a Endesa por el apagón de diciembre de 2001
que dejó sin luz a 110 municipios en la Comunidad catalana.
Y lo de estos
últimos días ya lo conocen ustedes. Apagones en Tenerife, apagones
en Cataluña, y los mismos argumentos, las mismas justificaciones,
las mismas minisanciones, el anuncio de apertura de expediente por
la CNE a REE y Endesa que después quedará en nada; la misma batalla
entre Red Eléctrica y Endesa por derivarse responsabilidades entre
sí, a pesar de que las zancadillas que se dan continuamente nos pone
a todos en situaciones delicadísimas como ha sucedido aquí en
Canarias en los últimos tres años donde, ante la pasividad del
Gobierno, han paralizado el traspaso de competencias y por tanto la
realización de inversiones… Pero nuestros gobernantes de CC y PP
quieren aprovechar las circunstancias para efectuar un recorte de
libertades preocupante, hasta el punto que el pasado día 10 de
marzo, el PP y CC presentaron en el registro del Parlamento de
Canarias una Proposición de Ley por la que se pretende modificar la
ley de Regulación del Sector Eléctrico canario, proponiendo obviar
cualquier licencia urbanística y el planeamiento en vigor para hacer
efectiva las medidas que adopte el Gobierno para la construcción de
instalaciones de generación, transporte o distribución de energía,
una medida absolutamente inconstitucional que traerá cola en las
próximas semanas.
Y mientras el
Gobierno de Canarias pretende recortar libertades por aquí, ¿qué
sucede por arriba, en los ámbitos de unas empresas cuyos objetivos
sólo pasan por llenar las arcas aún a costa de poner en riesgo un
sector estratégico para un país? Pues fíjense en algunos ejemplos,
los más recientes: alteran el mercado para aumentar ficticiamente el
precio a pagar por los ciudadanos españoles, como ha denunciado
recientemente la Comisión nacional de la Competencia, a pesar de que
los precios de producción están bajando; presionan al Gobierno para
frenar el apoyo y las primas a las energías limpias porque además
supone un descenso de la demanda y por tanto de ganancias para
ellos; quitan y ponen a los ministros, a los que presionan para
subir una y otra vez las tarifas con argumentos falaces; en un juego
continuo de monopoly, sobre todo en Latinoamérica, y de opas
irresponsables, se quedan sin liquidez y nos someten a la mayor de
las precariedades; se deshacen de su personal de siempre para poner
el mantenimiento en manos inexpertas y baratas; se conceden entre
ellos unos bonus escandalosos que en el caso de Endesa se elevó a
38,4 millones de euros para su consejo de administración en 2009,
correspondiendo además a su número dos, prejubilado, Rafael Miranda
-¿no quedamos en que las prejubilaciones eran inmorales?- un total
de casi 19 millones de euros y, por último y para no cansarles,
ahora Iberdrola, Endesa y Gas Natural, pretenden resucitar UNESA, un
duro lobby con un enorme poder real sobre la economía y la seguridad
energética del Estado… Claro que, al tiempo, nos enteramos por la
revista Interviú que el año pasado ganaron 22 millones de euros por
los reenganches, sólo por los reenganches, de las familias a las que
se les corta el suministro por no poder hacer frente al pago de los
recibos en estos momentos de crisis y que consiguen de su
ayuntamiento o de Cáritas una ayuda para poder volver a tener
electricidad en su hogar. Dicen los que saben que es el sistema, que
la cosa funciona así. Y así parece, el sistema funcionará, pero
nosotros estamos apagados.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
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