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Antonio Morales Méndez (*)
Si tenemos en cuenta
el territorio reservado por los distintos grados de protección en
los que se impide cualquier uso que no sea el derivado de su
conservación y mantenimiento -parques y espacios naturales, costas,
barrancos, protección agrícola, etc.- prácticamente el suelo que
queda libre en Gran Canaria es el situado en el corredor costero que
va desde el municipio de Telde hasta llegar a Juan Grande; desde
luego, el único susceptible de poder ser utilizado para desarrollar
iniciativas ligadas a la implantación de energías renovables,
creación de parques tecnológicos, ampliación de espacios
industriales y comerciales y la ejecución del proyecto de desarrollo
sostenible del sureste que preconiza centros de investigación
ligados a la agricultura, la artesanía y la energía, entre otras
propuestas.
En los últimos
años, distintas instituciones como la universidad, fundamentalmente
las escuelas de Arquitectura e Ingeniería, o el Colegio de
Arquitectos -a través del concurso internacional de ideas Flowpolis-
o la propia Mancomunidad del Sureste, desde el proyecto que dirige
el profesor Roque Calero -con amplios reconocimientos que van desde
la ONU al ministerio de Medio Ambiente- han venido trabajando en el
diseño de un espacio imprescindible para el progreso de esta isla.
Desde la
aprobación del Plan Director del Aeropuerto de Gran Canaria, en el
que se recoge el proyecto para su ampliación, se han cercenado
todas estas posibilidades de futuro, además de condicionar
definitivamente los planeamientos de los municipios de Ingenio,
Telde y Agüimes. Más allá del necesario respeto a las instituciones
y a la obligación de colaboración, el Estado, ante la pasividad del
Gobierno de Canarias, no sólo ningunea hasta la náusea las
competencias de esta Comunidad sino incumple flagrantemente la
legalidad retrasando hasta más allá de lo admisible los informes
obligatorios que los ayuntamientos demandan a Aviación Civil sobre
los planes generales de sus municipios o sobre los estudios
aeronáuticos alternativos que, según prevé la legislación, han
presentado las corporaciones locales afectadas. Es tal el abuso de
poder que un informe para el que tienen la obligación de
pronunciarse en dos meses lo dilatan hasta más de un año, para
contestar después con una evasiva inconsistente e inconcreta o con
una perogrullada sin fundamento jurídico que obliga a iniciar el
proceso. Así una y otra vez, frenándolo todo, obstaculizándolo todo
continuamente.
De esta manera,
en estos momentos se encuentran paralizados todos los proyectos
urbanísticos de más de un 80% del espacio de este corredor, la
adaptación de éstos a la Ley de Directrices, la instalación de
aerogeneradores, precisamente donde se encuentran las zonas de
vientos regulares más importantes del mundo, la instalación de
antenas de telefonía o televisión para los municipios señalados, la
posibilidad de construir nuevos colegios o centros de salud; además
de contemplar la obligación de insonorizar las viviendas que se
construyan a partir de ahora en los núcleos consolidados o la
reubicación de poblaciones como Ojos de Garza y La Montañeta en
Telde.
Pero todas estas
afecciones, limitaciones y clarísimos obstáculos al desarrollo
económico y poblacional de estos municipios no paran en esto sino
que se trasladan al conjunto de la isla y a sus planes de futuro.
Así sucede que, en estos momentos también se encuentran afectados
por las servidumbres aeronáuticas una parte importante de los
planes territoriales que desarrolla el PIO, en concreto el Plan
Especial del Parque Aeroportuario de Actividades Económicas de Gran
Canaria, el Plan Territorial de Ordenación de Infraestructuras de
Producción de Energía Eólica, el de Ordenación de Infraestructuras e
Hidrocarburos, el de Ordenación de Corredores de Transporte de
Energía Eléctrica, el Plan Territorial Parcial de Ordenación de
Regeneración y Estructuración del Sistema de Asentamiento de la
Plataforma Litoral del Este, el Plan Territorial Parcial de
Ordenación del Corredor y Territorio Costero de Telde, el de
Infraestructuras de Telecomunicaciones y el de Transporte Público
con Infraestructura Propia y Modo Guiado de Gran Canaria y
Maspalomas.
Durante estos últimos ocho años, desde la aprobación del Plan
Director, se han ido realizando modificaciones sustanciales en este
documento sin contar para nada con el Cabildo o con los
ayuntamientos afectados, al margen absolutamente de las garantías
jurídicas que la Constitución señala en su artículo nueve,
concretadas en los principios de legalidad, de publicidad de las
normas y de seguridad jurídica. Y eso que en la Orden por la que
se aprobó el Plan Director se dice textualmente que “considerando la
vital importancia que tiene el aeropuerto dentro del desarrollo
social y económico de la isla y del archipiélago canario, es preciso
realizar una cuidada planificación de las infraestructuras y sus
actividades para ampliar el aeropuerto en su vertiente aeronáutica
que dé una respuesta integral no solo a las exigencias de tráfico y
transporte aéreo en España, sino también a los requerimientos de sus
usuarios y del entorno”.
Pues bien, en el
Plan Director del Aeropuerto de Gran Canaria, aprobado según Orden
Ministerial del 20 de septiembre de 2001, se recoge que la creación
de la tercera pista se realizará teniendo en cuenta las previsiones
para los próximos años de un aumento de casi dos puntos en el
tráfico de pasajeros para los próximos 15 años, con lo que se
elevaría el número de éstos hasta 16,9 millones y a un incremento de
1.76 puntos en el tráfico de aeronaves en el mismo periodo de
tiempo, lo que haría que se alcanzara un total de 164.000
movimientos de aeronaves en el tráfico comercial.
En estos días
(transcurridos ocho años) se nos dice a través de los medios de
comunicación que no sólo no se cumplen estos datos sino que el
número de pasajeros cae hasta los niveles alcanzados en el año 2003,
perdiéndose más de un millón de ellos.
¿Se justifica, por
tanto, que se hipoteque el desarrollo futuro de Gran Canaria a
través del corredor Este? ¿Se justifica que se impida la instalación
de aerogeneradores en la zona de vientos más importante del mundo?
¿Se justifica que se impida la creación de parques tecnológicos y se
amplíen los espacios industriales y comerciales? ¿Se justifica la
desaparición de núcleos poblacionales arraigados o que se someta a
miles de ciudadanos a un ruido insoportable que mine su salud y su
calidad de vida? ¿Se justifica todo esto por una inversión
cuestionada por muchos sectores cualificados que apuntan que las
pistas actuales, con un mejor aprovechamiento, serían suficientes?
¿Debemos pagar un peaje tan caro por algo incierto? ¿Es realmente
necesaria la tercera pista? ¿No deberíamos poner todo esto sobre la
mesa y abrir un debate?
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: Aeropuerto de Gran Canaria
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