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Antonio Morales Méndez (*)
A lo largo
de los últimos años he insistido, en muchas ocasiones, en denunciar
la escasa preocupación y la enorme negligencia a la hora de
potenciar e implantar en Canarias cualquier modelo de energía
renovable, frente a la decidida apuesta por los combustibles fósiles
y, más en concreto del gas, en una suerte de conchabeo político-
empresarial de dudosa transparencia y cumplimiento cabal de la
legalidad.
En distintos foros
he señalado que nos encontramos a la cola de las comunidades
españolas en producción de energías limpias. En algunas de ellas,
como Navarra, se alcanza un 70%, frente a nuestro mísero 4%. A pesar
de que estamos rodeados por el Atlántico, no hemos hecho nada por
investigar la energía mareomotriz; aunque disponemos del mayor
número de horas de insolación, nos vemos imposibilitados para
instalar plantas fotovoltaicas, porque la empresa que ostenta el
suministro energético en régimen de monopolio impide la conexión a
la red de la energía generada por el sol; hemos desperdiciado
también la oportunidad de generar energía geotérmica, y eso que
somos todo magma; no hemos avanzado nada en la producción de biogás
aprovechando los vertidos que hoy se acumulan en vertederos
nauseabundos .
Mientras en
distintos lugares de Europa ya andan a velocidad de crucero
instalando parques eólicos dentro del mar (he tenido ocasión de ver
un prototipo que incluye depósitos de gas y granjas piscícolas), en
esta tierra nuestra, con las mejores condiciones para producir
energía a través del viento (en Agüimes se encuentra el parque
eólico record del mundo en producción continua de energía), desde
hace más de diez años no se instala un nuevo aerogenerador que no
sea para consumo asociado aislado. Sí, se trata de toda una década
perdida porque la corrupción -caso eólico-, la inacción y la
incompetencia se han adueñado de la práctica política, con un alto
grado de complicidad técnica.
Cuando, tras la
realización del último concurso eólico, todo parecía alcanzar visos
de normalidad, volvemos a tropezarnos cada día con sorpresas que
anegan de despropósitos y obstáculos el aprovechamiento del viento.
Primero fue Lanzarote quien puso el grito en el cielo al dejarse a
Inalsa fuera de cualquier posibilidad de acceder a un parque propio
y fue necesaria la revisión del concurso. Luego serían Fuerteventura
y La Palma las islas que obligaron a cambiar las adjudicaciones
realizadas en un primer momento. Más tarde vendría la confirmación
de que en Fuerteventura, al no tenerse en cuenta las determinaciones
del PIOT, los cuatro parques que le correspondió se adjudicaron en
suelo rústico protegido, lo que los hace inviables. En Gran Canaria,
donde más de una cuarta parte le “toca” a un solo empresario -con
alguna coincidencia “casual” con algún miembro preclaro del
Gobierno- resulta que sucede lo mismo al chocar de frente con las
delimitaciones de nuestro Plan Insular de Ordenación del
Territorio. En el conjunto de Canarias se han presentado un total de
138 reclamaciones a la resolución del concurso y la mayoría de los
afectados coinciden en señalar enormes errores y contradicciones.
Pues bien, cuando
casi todo esteba dicho y digerido- aunque queden por resolver los
recursos grancanarios-, cuando nuestra capacidad de sorpresa parecía
ya casi agotada, nos topamos con una realidad kafkiana que no pasa
de ser pura inoperancia, insolvencia e irresponsabilidad, y que
quiero compartir con la sociedad canaria, siquiera para lamernos
juntos las heridas, que desgraciadamente parece que es lo único que
nos queda. Y la verdad no es otra que la imposibilidad de que el 99%
de los parques eólicos adjudicados en Canarias puedan instalarse.
Sí.
Efectivamente. Los parques eólicos adjudicados no van a poder
instalarse, y aunque parezca que el siroco me ha dañado las
neuronas, la realidad es muy tozuda y, desgraciadamente, todo el
trabajo realizado no ha servido para nada. Les explico.
Increíblemente, la
convocatoria del concurso por parte de la consejería de Industria
obvió cualquier requerimiento referido a planeamientos urbanísticos
o medioambientales y estableció un mapa de ubicación que ha hecho
que la práctica totalidad de los proyectos presentados estén en
suelo rústico, que a su vez se divide, según la Ley del Territorio y
Espacios Naturales de Canarias, en cuatro tipos: los que precisan
protección ambiental que impide la existencia de parques eólicos
(este es el caso de Fuerteventura, que se quedará sin energía eólica
por muchos años); los que precisan protección de sus valores
económicos (agrarios, forestales, hidrológicos, mineros o de
infraestructuras); los que contienen formas tradicionales de
poblamiento rural ( por su singularidad aquí no cabe ningún parque)
y los de protección territorial.
La práctica
totalidad de los parques grancanarios se encuentran situados en
suelo rústico de protección económica. Pues bien, el mismo gobierno
de Canarias promulga la famosa Ley de Medidas Urgentes en Materia de
Ordenación Territorial para la Dinamización Sectorial y la
Ordenación del Turismo, que ve la luz el 12 de mayo de 2009, y, aquí
está la sorpresa: en el artículo 4 del régimen del suelo rústico, en
su apartado cuatro, nos dice textualmente: “en suelo protegido
por razón de sus valores económicos a que se refiere la letra b) del
artículo 55 anterior se podrá autorizar la instalación de plantas de
generación de energía fotovoltaica, eólica, o cualquier otra
proveniente de fuentes endógenas renovables, siempre que no exista
prohibición expresa en el Plan Insular de Ordenación, en los Planes
Territoriales de Ordenación o en el Planeamiento de los Espacios
Naturales Protegidos que resulten aplicables al ámbito donde se
pretenda ubicar la instalación.
En todo caso,
las instalaciones autorizables deberán respetar los siguientes
requisitos: a) la potencia máxima será de 1,5 MW (1.500 KW)”
Si un solo molino
tiene entre 0,90 y 2,00 MW, esta Ley de Medidas Urgentes hace
imposible la instalación de más de un aerogenerador en los parques
eólicos ganadores del concurso, ya que prácticamente todos están en
suelo rústico de protección ambiental o económica.
El mismo Gobierno
canario redacta una ley que destroza, así, con todas las letras, el
concurso cuando está a punto de culminar su proceso. Habrá que
volver a empezar. A desandar el camino y de nuevo otros cuatro o
cinco años sin que se instale un aerogenerador. Cada vez más a la
cola. ¿Y las posibles peticiones multimillonarias de indemnización?
¿Estamos ante un nuevo Tebeto, esta vez no de piedra sino de viento?
¿Se nos habrá llevado el viento la vergüenza y la capacidad de
reacción? ¿No habrá responsables de este desaguisado?
Si al menos
sirviera para que se reconsiderara todo y se pusiera esta energía en
manos públicas…, pero me temo que no, las cartas están muy marcadas.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: Tebeto eólico.
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