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Antonio Morales Méndez (*)
Para la
profesora de la Universidad de Granada Susana Corzo Fernández, “la
desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones públicas
pudiera ser un estadio previo al fortalecimiento de un Estado débil,
pero el descrédito continuo de las instituciones llegará a ser la
consecuencia de un Estado enfermo, si la clase política no lucha por
devolverle, desde la racionalidad y la mesura que conllevan la
práctica de la responsabilidad política, el valor que tiene y la
función que presta de servicio a la ciudadanía”.
Salvo para
aquellos que se han enquistado en la más temible de las luchas para
obtener el poder por el poder, a los que les trae al pairo el
interés general de la ciudadanía, está cada día más claro que el
descrédito de las instituciones, de la política y de los políticos
se ha instalado en nuestra sociedad, abriendo preocupantes y
peligrosos abismos entre los ciudadanos y las representaciones
democráticas formales.
Al hilo de todo
esto, quiero compartir con ustedes una reflexión sobre tres hechos
significativos que han copado las principales y más abundantes
páginas de los medios de comunicación durante el mes de agosto y que
no vienen sino a ratificar lo que señalo en los dos primeros
párrafos de este artículo. Frente a la rutina que provoca la
inacción del verano y las vacaciones de la mayoría de los españoles,
durante este último agosto una triada de hechos han puesto sobre la
mesa varias de las causas fundamentales que vician y corroen la
democracia española.
El primero de los
despropósitos lo puso en los medios de comunicación la “número dos”
del PP, María Dolores de Cospedal quién, en una huída a la
desesperada, en un intento de echar una espesa tinta de calamar
sobre los infinitos casos de corrupción en los que está envuelto su
partido- Eolo, Faycán, Brisan, Tebeto, Tindaya, Góndola, en
Canarias, Gürtel, Fundescam y el espionaje fratricida de Madrid, los
trajes de Camps y las trapisondas de Fabra en la Comunidad
Valenciana, las investigaciones al tesorero del partido Luis
Bárcenas, el asunto de Totana en Murcia y la ristra de corruptelas
de Mallorca que van desde el Govern de Jaume Matas a Andratx y el
mismo Ayuntamiento de Palma- no vaciló en sembrar dudas sobre las
instituciones democráticas acusando al PSOE de utilizar el aparato
del Estado para vigilarles, perseguirles y detenerles y aquí incluía
a jueces, fiscales, policías…
Si esto fuera
cierto todos los ciudadanos de España tendríamos que salir a la
calle en defensa del PP; si fuera cierto estaríamos ante las peores
prácticas de cualquier tipo de dictadura, pero el principal partido
de la oposición, el partido con más posibilidades de gobernarnos en
este juego de alternancias con el que hemos claudicado, no demuestra
nada y no acude a los tribunales, se limita a desprestigiar pura y
llanamente a las instituciones democráticas, a provocar crispaciones
que alienten a sus masas, en un intento de fidelizar el voto de la
derecha sin importarles el grave daño que se hace a la democracia y
el desapego que produce en un sector importante de la población.
Pero, y esto me
parece igual de grave, salvo una reprobación a estas manifestaciones
de todo el arco parlamentario, ni los fiscales, ni los jueces, ni
nadie han ejercido su obligación de llevar ante la justicia estos
graves hechos, lo que vuelve a producir el mismo efecto que las
desafortunadas actuaciones del PP. Los ciudadanos deben tener
absolutamente claro que sus instituciones funcionan, que las
manifestaciones delictivas deben ser perseguidas y las dudas deben
ser radicalmente aclaradas, por el bien de todos.
El segundo tema de
los que apunté al principio, también excepcionalmente grave, es el
de la ayuda a los desempleados aprobada por el Consejo de Ministros
el pasado trece de agosto. Tras la ruptura de la mesa del Diálogo
Social, con un señor como Díaz Ferrán, presidente de la CEOE,
escorado a la más insolidaria de las derechas, defendiendo
posiciones puramente políticas y que, con prácticas empresariales
como las que realiza diariamente con su empresa Air Comet no tiene
autoridad moral más que para defender puros intereses torticeros, el
Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprueba una ayuda de 420
euros para un sector de los desempleados españoles por un tiempo
limitado, lo que provoca una enorme decepción en los sindicatos
pero, sobre todo, en casi un millón de personas, por ahora, a los
que se les deja fuera sin ningún tipo de miramientos, aunque una
corrección a marcha forzada, derivada de la presión de los grupos de
izquierda del Parlamento, permitirá a partir de noviembre ampliar el
número de beneficiarios. Así y todo, quedarán fuera varios
centenares de miles de hombres y mujeres que no podrán acceder a
unas ayudas que quedan muy lejos del Salario Mínimo
Interprofesional.
Si algo pone en
valor un sistema democrático es la defensa permanente de la igualdad
de los ciudadanos ante la ley, el respeto a los derechos humanos, la
defensa de los derechos constitucionales y la solidaridad. Desde
luego, esta medida se aleja bastante de estos valores. No puede ser
de recibo que, después de destinarse cantidades ingentes de dinero
público a salvar a la banca (que parece respirar perfectamente en
estos momentos aunque sus prácticas despóticas sigan siendo las
mismas, sin que el Gobierno les obligue a hacer frente a las
necesidades de las familias, las pymes y los autónomos) un número
muy importante de españoles, la parte más frágil de la sociedad,
quede a expensas de Cáritas o de las ayudas sociales de sus
ayuntamientos desde la mayor desprotección y desafecto del Estado.
No andan descaminados cuando piensan que han sido instrumentos
productivos desechables, a los que se les abandona desde que surge
el menor de los problemas. Ahora, más que nunca, el Estado debe
ofrecerles protección y justo ahora es el momento de hacer frente a
una Renta Básica de Ciudadanía, que menos que el Salario Mínimo, que
garantice el derecho a la existencia de todos los miembros de una
comunidad, por lo menos hasta cuando finalice la crisis. Se trata
de hacer efectiva la libertad sin interferencias como diría Pettit.
Y, finalmente, el
tercer tema tiene que ver con el gravísimo accidente aéreo de
Spanair del año pasado que sembró de dolor, rabia e inseguridad a
tantas familias canarias. Al llegar el primer aniversario del
dramático día 20 de agosto de 2008, los medios de comunicación
llenaron páginas y páginas recordando los momentos vividos; las
instituciones realizaron distintos actos en memoria de los
fallecidos, pero al día siguiente otra vez el silencio. Resulta
terrible el abandono en que viven las familias afectadas y la
inseguridad que planea sobre un medio de transporte fundamental para
el desplazamiento de los canarios y para los millones de visitantes
de los que depende nuestra economía. ¿Por qué la falta de
colaboración de Fomento, de los pilotos y de la compañía con el juez
que lleva el caso? ¿Por qué no existen peritos imparciales que
informen al juez? ¿Por qué estuvo a punto de destruirse la prueba
fundamental? ¿Por qué un informe de compromiso de la CIAIAC al
cumplirse el año del accidente sin aportar nada nuevo? ¿Cuenta la
CIAIAC con medios suficientes y si eso es así por qué tiene 55
informes sobre accidentes aéreos de todo tipo si realizar, entre
otros el de un accidente similar en Lanzarote que dos años después
sigue sin resolverse? ¿Por qué ahora y no antes Fomento ha puesto
más inspectores para la navegación aérea? ¿Por qué el fabricante no
corrigió los errores de los que se les informaba una y otra vez
desde hace por lo menos doce años? ¿Por qué los mecánicos no
aplicaban a rajatabla las recomendaciones del fabricante y los
libros de instrucciones? ¿Cuánto pesa en los riesgos las prisas y
las penalizaciones a técnicos y pilotos por parte de las compañías?
¿Cuánto de merma en la seguridad se traduce en alcanzar los mejores
resultados económicos a final del año? ¿Por qué tantas trabas a las
víctimas y a sus peritos? ¿Qué hace el Gobierno central para
garantizar a los familiares un proceso justo? ¿Y el Gobierno canario
para eso y para garantizar la seguridad aérea de los canarios?
¿Quién se ocupa de los familiares y las víctimas, desde luego la
parte más frágil de todo este asunto? ¿No es el mejor homenaje la
transparencia, la imparcialidad, la rigurosidad, la seguridad…?
Sí, de todo esto quería hablarles, del peligroso retroceso del
sistema democrático, de la dejación de los servidores públicos… Ah,
bueno, también se dijo en agosto, que en España, donde algunos ponen
el grito en el cielo porque el gobierno anuncia la subida de
impuestos a los que más ganan, el 75% de los empresarios declaran
como mileuristas…
Dice la misma
Susana Corzo que “el ciudadano debe exigir que se explicite cómo se
entiende el poder: si como un medio para salvaguardar y garantizar
los derechos de los ciudadanos, o como un fin en sí mismo en el que
todo vale, hasta cuestionar el Estado de derecho, para poseerlo y
administrarlo”. En esas estamos.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: El verano de 2.009.
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