|
Antonio Morales Méndez (*)
En una charla programada
por el periódico El País, a finales de junio, entre cuatro
representantes de la ciudadanía española y José Luis Rodríguez
Zapatero, este último, ante una pregunta irónica sobre si los bancos
son una especie de hermanitas de la caridad, afirmaba con rotundidad
que “no, desde luego. Ni los bancos ni las eléctricas. Esa es mi
experiencia”.
Desde hace algunos años
he venido denunciando en este mismo medio de comunicación, a través
de diferentes artículos, el poder económico y de control político
que, desde un oligopolio brutal, propiciado por la privatización que
puso en marcha en un primer momento Felipe González y culminó, con
todas las de la “ley”, José María Aznar, ejercen las empresas
eléctricas en este país, hoy, paradójicamente, en un 50% en manos
públicas extranjeras de otros Estados europeos, fundamentalmente de
Italia y Alemania.
Lo sucedido en los dos últimos meses en torno a la central nuclear
de Garoña ha vuelto a poner sobre el tapete la capacidad del sector
eléctrico –con Estados extranjeros detrás, insisto-, para presionar,
comprar y embaucar a medios de comunicación, partidos políticos,
ministros, gobiernos y a buena parte de la sociedad española. El
negocio es tan grande, el pelotazo que se ejerce cada día a costa de
todos y cada uno de los ciudadanos de este país es tan grande, que
no han dudado en montar un burdo melodrama en torno al cierre de una
central nuclear que apenas produce 466 megavatios, o lo que es lo
mismo apenas un 1,3% del total del 5% de energía nuclear del que se
nutre el 100% de la producción nacional de energía eléctrica.
Pues bien, para mantener abierta una central nuclear ya amortizada,
pero que precisamente por eso aportará cada año a Endesa e Iberdrola
250 millones de euros de ganancias, libres de polvo y paja, no han
dudado en desplegar toda una artillería mediática llamada a amenazar
al Gobierno con llevarlo al Supremo para demandar una compensación
millonaria, y a mentirnos a todos cuestionando las ventajas de las
energías renovables en confrontación con la nuclear.
A
la petición de mil millones de euros en concepto de indemnización
por las inversiones realizadas y no amortizadas y por la pérdida del
flujo de caja generado por la planta en los próximos diez años, la
abogacía del Estado ponía sobre la mesa contundentes informes sobre
la caducidad del periodo de vida útil de cuarenta años que Nuclenor
(Endesa-Iberdrola) aportó a la hora de ponerla en marcha.
Tampoco dudaron en apelar, en estos duros momentos de crisis, al
crecimiento del paro pues aducían que se despediría a más de mil
trabajadores, sin tener en cuenta que el Gobierno se comprometía a
buscar una alternativa para todos los operarios de la central y que
esas mismas empresas han prejubilado a muchos miles de trabajadores
más en los últimos años.
Igualmente se pretendió lanzar el mensaje de que la producción
eólica es mucho más cara que la nuclear frente a los datos que
apuntan que ésta anda por más de 4.000 euros por Kw y la eólica
sobre los 3.000 euros. Es significativo que en el debate,
curiosamente para nosotros los canarios que andamos inmersos
también en las presiones de Gascan, el catedrático Manuel Lozano,
de la Universidad de Sevilla, dijera que prefería las nucleares
antes que el riesgo de la inseguridad del gas de Buteflica en
Argelia.
También intentaron vendernos -lo siguen haciendo- otra burda mentira
al hacernos creer que España importa y depende de la energía de
otros países como Francia, cuando la realidad es que se importa del
país galo la mitad de lo que se exporta a Portugal y Marruecos y
que la potencia instalada en España es casi el doble del pico de
demanda mayor al que se haya llegado en la historia de este país...
No dudaron un día sí y otro también en asustarnos con que el precio
de la electricidad para los consumidores se elevaría en un 10%, a
pesar de que los datos reiteraban, una y otra vez, que eso era
imposible por el escaso significado de la producción de esta planta
en el conjunto del sistema, pero se trataba de echar a la opinión
pública, en unos momentos dramáticos, en contra del Gobierno.
Y
así podríamos seguir y seguir porque las campañas millonarias de
desinformación han sido espeluznantes. El propio Zapatero reconocía,
hace muy pocos días, que las empresas eléctricas habían demostrado
una gran capacidad de presión. Pero lo cierto es que, como siempre,
las pobrecitas Endesa e Iberdrola, si, las mismas que sus altos
directivos cobran hasta 16,5 millones de euros al año, han salido
como siempre airosas y con los bolsillos bien colmados fruto de
acuerdos y compensaciones que pagaremos todos los españolitos de
nuestros bolsillos. Está claro que las presiones sobre el ministro
Sebastián, la parte más sensible pues es la primera en caer ante una
presión al Gobierno, como pasó con Joan Clos, dio resultado, pues
afirmó una y otra vez, frente a la posición de Zapatero o la de la
Fundación Ideas, que la energía nuclear era insustituible; que
también dio resultado las influencias sobre el pleno del Consejo de
Seguridad Nuclear (CSN), formado por dos miembros propuestos por el
PP, dos por el PSOE y uno por CiU, que siempre apostó, sin ningún
tipo de cuestionamiento ni posición neutral, por facilitar todo lo
posible la continuidad de la planta disminuyendo incluso los
condicionantes para su funcionamiento.
En definitiva, la prórroga hasta el 2013 de la central de Garoña ha
supuesto para Endesa e Iberdrola un regalito de 1.000 millones de
euros repartidos en cuatro años de ganancias, a 250 millones por
año, y que estos beneficios serán a costa de todos que continuaremos
pagando los residuos radiactivos que, a un ritmo de casi dos
toneladas por año, se acumulan y acumulan, mientras cada uno de
nosotros contribuye a su tratamiento y a los pagos de los posibles
accidentes de las centrales que no cubren las aseguradoras, ya que
la responsabilidad civil de la planta sólo llega hasta los 700
millones de indemnización, otra cosa que tampoco se dice.
Pero no sólo ha quedado en ésto el regalito. Además de no
exigírseles una aportación de esas ganancias vergonzosas al
desarrollo de las energías renovables ó a la disminución de los
déficit tarifarios, el Gobierno les vuelve a regalar una subida
eléctrica de un 2%, que en el caso de la tarifa nocturna puede
llegar hasta un 17% y a un 9,3% en hora punta, lo que viene a
significar un aumento del recibo de la luz de un 23% en dos años,
con el compromiso de llegar al 31% antes del próximo verano de 2010.
Y todo porque una ley leonina, surgida de la presión y el poder
sobre los partidos políticos, hace aplicar una fórmula que perjudica
siempre a los consumidores y eso que en el año 1999 se aportó por el
Estado a las eléctricas, a pesar de que ganan cada año más de dos
billones de pesetas, una inyección de un billón de pesetas para
hacer frente a la transición del sistema.
Al tiempo, nos enteramos que José Manuel Entrecanales recibe 9,6
millones de euros de indemnización, tras la venta de Endesa a la
italiana Enel, por sus 18 meses de presidencia en la compañía; que
la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) pone sobre la mesa
sospechas reales de que estas grandes eléctricas ponen trabas a sus
rivales más pequeños, abriéndoles expedientes, en medio de un
proceso de liberalización que no va a bajar las tarifas, ni va a
propiciar una bonificación social para los que tienen menos
recursos; que Red Eléctrica Española acusa a Endesa en Canarias de
no querer traspasarle el transporte de la energía, lo que confirma
la tesis que vengo sosteniendo de que, desde esa energética, se está
obstaculizando cualquier iniciativa de desarrollo de las
fotovoltaicas o las eólicas...
Y podríamos seguir y
seguir. Está claro que estamos ante las peores prácticas
especulativas y antidemocráticas de un sistema que nos llevó a esta
situación de crisis y que no está dispuesto a cambiar, que no está
dispuesto a que lo cambien y que no se tropieza con nadie con los
redaños suficientes para obligarlos a cambiar.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: El regalo de Garoña
|