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Están que se
suben por las paredes. Las pobrecitas eléctricas españolas más
importantes (Endesa, Iberdrola, Gas Natural- Unión Fenosa y HC,
entre otras) que “solamente” ganaron el año pasado la friolera
de 7.672 millones de euros (un billón, doscientos setenta y seis
mil quinientos noventa millones de pesetas) han montado en
cólera y desplegado una ofensiva en toda regla contra el
ministro de Industria Miguel Sebastián y contra el presidente
José Luis Rodríguez Zapatero a cuenta del apoyo del Gobierno
español a las energías renovables.
En las últimas
semanas la incertidumbre se ha adueñado del sector de las
energías limpias de este país después de que el ministro, más
propenso a las nucleares que a las verdes, anunciara semanas
atrás que su departamento estaba estudiando la posibilidad de
recortar un 40% las subvenciones a las renovables, y en especial
a las solares, con el fin de controlar a un sector que en el
caso de las fotovoltaicas pasó de 24 a 3.463 MW entre 2004 y
2008 y en el de la eólica de 8.504 a 16.740 MW. Se trataría de
restar 2.500 millones de los 6.000 concedidos en primas el año
pasado. Y no solamente se ha pronunciado al respecto Sebastián.
También Elena Salgado ha dejado caer que, antes del 30 de junio,
los incentivos a las energías alternativas deberían ser
revisados con el objeto de mejorar la contribución del sector
energético a la competitividad y sostenibilidad de la economía.
Parece ser que en este documento se baraja también la
posibilidad de incluir cupos especiales de potencia para
Canarias, donde como todo el mundo sabe andamos en la cola.
Jamás ninguno
de ellos ha hecho referencia a las ayudas al carbón, 316
millones al año, un auténtico ejemplo por lo visto de energía
limpia, ni a las nucleares a las que se ayuda con los seguros
ante las reticencias de las aseguradoras y con la construcción
de cementerios para sus residuos, caros, peligrosos y a cuenta
del contribuyente. Por lo visto lo que sale caro es un sector
que ha convertido a España en avanzadilla mundial y que está
llamado a ser uno de los ejes en los que se vertebre ese nuevo
proyecto de desarrollo alternativo y sostenible sobre el que se
pretende pivotar el futuro incierto de este Estado y sus
habitantes.
Lo que
queda clarísimo es que las eléctricas se han movido con toda su
artillería pesada para presionar a los responsables públicos
españoles. Así hemos visto cómo últimamente han salido a la
palestra, como si se tratara de una coral afinadísima, Ignacio
Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, afirmando que “sería
preciso parar el crecimiento de las tecnologías renovables de
mayor coste si no queremos incrementar sustancialmente el precio
de la energía”; Rafael Villaseca, consejero delegado de Gas
Natural-Unión Fenosa que advertía que de no actuar sobre las
renovables “habrá una traducción directa sobre la tarifa al
consumidor” y Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF, que
cuestionó el sistema eléctrico español por el alto coste de las
primas a las renovables, “una factura muy cara que el consumidor
debe pagar” y, aquí dejó ver más el rejo, mostró su preocupación
“por el exceso de gas natural y la mayor ociosidad de los ciclos
combinados de gas desplazados por la entrada de nueva capacidad
renovable”.
Desde luego sería conmovedor observar la preocupación de estos
señores por el aumento de los costes de las tarifas eléctricas
si realmente fuera cierto que las primas a las renovables
encarecen el recibo de la luz , si no supiéramos que detrás de
todo está latente la verdadera intención de frenar un modelo
energético que rompe su oligopolio y abre puertas a la
democratización de la energía al ir a parar su generación a
manos de administraciones públicas y pequeños y medianos
empresarios y, sobre todo, que en 2010 la producción eléctrica
con ciclos combinados (de gas y fuel), como los que pretenden
introducir en Canarias, va a estar parada casi las tres cuartas
partes de su tiempo, produciéndoles unas pérdidas considerables,
fundamentalmente por el auge de las renovables..
Es
absolutamente necesario que los responsables públicos que
aceptan y asumen este tipo de presiones y sus consecuencias y
los responsables de las eléctricas, nos expliquen cómo ganan
tanto todos los años, y por qué pagan más las familias y las
distintas actividades empresariales si producir la electricidad
cuesta cada vez menos. Deberían explicarnos también con absoluta
claridad algo que conoce muy poca gente y que tiene que ver con
el pool del mercado mayorista que fija el precio de la energía
en cada momento en una suerte de subasta en la que entran
primero las nucleares que no pueden parar, le siguen luego las
hidráulicas y las renovables y luego las centrales térmicas
convencionales que son las que fijan el precio para toda la
energía vendida. Un conchabo que garantiza las ganancias de las
eléctricas a través de un déficit artificioso que Rodrigo Rato
quiso convertir en déficit tarifario para no llevarlo a los
Presupuestos y no aumentar la inflación. Como acaba de escribir
días atrás en El País Martín Gallego Málaga, antiguo secretario
general de la Energía, “conviene precisar que el “déficit
tarifario” (precios del mercado menos tarifas) no es un déficit
económico (ya que las tarifas cubren los costes del suministro)
sino un déficit producido por la regulación”.
En realidad,
aunque pretendan vendernos lo contrario mediáticamente,
asustando a la ciudadanía, las energías renovables no están
subvencionadas sino que reciben primas en función de su
producción (se les da una compensación en función de la energía
real que produzcan) ya que la bajada en el precio de la
electricidad compensa las primas y no sólo no aumenta el déficit
tarifario sino que provoca una disminución de los costes de
generación energética. Es más, la energía eólica evitó la
importación de más de mil millones de euros en combustibles
fósiles, evitó la emisión de 18 millones de C02, dio empleo a
40.000 personas y exportó 2.500 millones en bienes industriales.
Según Deloitte el ahorro propiciado por las renovables al
sistema eléctrico español fue el año pasado de 4.919 millones de
euros. Está claro que no sólo buscan cargar las culpas de las
subidas pactadas de las tarifas a las renovables sino también
quitarles mercados porque les hacen disminuir sus beneficios al
bajar el precio de venta, en al menos un 30%, y quiebran su
monopolio. No dicen tampoco que la cogeneración a gas natural se
llevó 1.200 millones en ayudas y que en el coste de las
renovables se incluye igualmente el coste de desmantelación de
los parques, lo que no ocurre con la hidráulica o la nuclear.
Las mismas
grandes eléctricas, agrupadas en torno a Unesa, a la que la
Comisión Nacional de la Energía abrió expediente sancionador por
haber pactado precios al margen de la legalidad, actúa ahora
como un lobby de presión extraordinaria para vendernos, con la
complicidad de los gobiernos, ahora del PSOE y antes del PP, un
déficit tarifario que se fabrica a conciencia a golpes de BOE y
con subastas altamente fraudulentas. Miren igualmente las
últimas declaraciones de María Teresa Costa, presidenta de la
CNE criticando la “opacidad” del recibo de la luz y el que
“algo pasa” en el mercado liberalizado de la electricidad en el
que las compañías están haciendo ofertas con “ahorros
irrelevantes”, siempre de común acuerdo. Otra práctica dolosa.
También es altamente sospechoso que hace muy poco se filtrara a
la luz pública una noticia, que después resultó falsa, en la que
se hablaba de una pretendida producción nocturna de electricidad
en huertos solares, y suma y sigue…
Una apuesta
decidida por las energías limpias, por la lucha contra el cambio
climático, por un modelo económico alternativo, por la búsqueda
de nuevos nichos de trabajo…, no puede pasar por una reducción
drástica del apoyo a las renovables rebajando las primas ante la
presión de las todopoderosas eléctricas, algunas de ellas
extranjeras. Mientras, los primos seguiremos pagando los recibos
de la luz según se les antoje. |