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Antonio Morales Méndez (*)
Aunque el
ruido generado por la gripe A y su letanía de noticias alarmantes
han centrado nuestra atención y preocupación durante los últimos
meses, no cabe la menor duda de que no andan desencaminadas las
interpretaciones que realizan muchos sectores del mundo científico y
de la información acerca de que el H1N1 puede ser utilizado como una
espesa cortina de humo que nos obliga a mirar para otro lado. Así
nos olvidamos de los grandes males socioeconómicos, derivados de
actuaciones políticas irresponsables -Canarias no permanece ajena a
ellas- que producen una enorme quiebra social sin que provoquen
ningún tipo de reacción ciudadana.
Sólo una sociedad
desarmada, inerte, desvertebrada, profundamente decepcionada y en
muchos momentos, incapaz de hacer frente a todo lo que está
sucediendo, puede permitir sin rebelarse, la situación que padecemos
en esta tierra, sin que se atisben apenas alternativas de futuro a
las políticas desastrosas de nuestro Gobierno autonómico.
En los últimos
años, de manera persistente, el Gobierno de CC-PP, ocupa un lugar
privilegiado en los ranking de las prácticas políticas más
cuestionables y, al tiempo, en las posiciones de cola en el
desarrollo de alternativas a la dura situación que vivimos.
La memoria anual
de la Fiscalía General del Estado, nos acaba de arrojar a la cara,
como el mayor de los cachetones, que Canarias, junto con Baleares,
domina la cabecera de las comunidades españolas con mayor grado de
corrupción. Tanto en casos diligenciados por prevaricación, cohecho,
como de malversación de caudales públicos, nos encontramos en el
vergonzoso podium de las victorias: Fórum, Teresitas, Arona, Parque
Marítimo, Tebeto, Tindaya, Faycan, Eolo, Lanzarote, Góndola,
Brisan....son sólo algunos de los casos que han sonado repetidamente
en los medios de comunicación.
El nivel de paro
en esta tierra supera en siete puntos la media española, situándose
ya en la frontera del 30%, lo que sólo sucede en los países en vía
de desarrollo. Pero no sólo eso, en estos momentos, en España, donde
más cara sale la cesta de la compra es en Canarias; debemos el doble
de la media española (un 130% aquí, frente a un 50% en la
península); el empobrecimiento de nuestras administraciones públicas
está también muy por encima de las del resto del Estado; entre el
año pasado y éste ya han cerrado sus puertas más de veinte mil
empresas canarias; en el primer trimestre de 2009, cincuenta y siete
negocios canarios han entrado en un proceso concursal; más de 40.000
familias dependen de prestaciones sociales para subsistir; nuestros
trabajadores son los que tienen una jornada laboral más larga y
también los que menos cobran (casi 400 euros menos que la media
española); uno de cada tres de nuestros desempleados ya han
alcanzado un año sin acceder a un puesto de trabajo; catorce de cada
cien hogares en las islas tienen a todos sus miembros en el paro, el
índice más alto del país; los doctores Domingo Madera y Manuel Sosa
denunciaban días atrás que somos la segunda comunidad en número de
embarazos de adolescentes; en la provincia de Las Palmas los delitos
en el último año han aumentado en un 9,3%; estamos a la cola de los
ranking de competitividad con el Indicador de Confianza Empresarial
por los suelos; casi un 3% de isleños se encuentra por debajo del
umbral de la pobreza y un 4% sufren de pobreza severa; más de 4.000
personas duermen en la calle y más de dos mil niños viven en pisos
tutelados…
Al tiempo, la Federación de Asociaciones para la Defensa de la
Sanidad Pública nos reveló unos datos, hace unas semanas, en los que
sitúa a Canarias a la cola, por cuarto año consecutivo, de las
comunidades con poca calidad en los servicios sanitarios y la
Dirección General de Atención a las Drogodependencias ha comunicado
a instituciones y ONG´s, que para el 2010 los fondos para atender a
estas patologías se reducirán entre un 25% y un 30%.
En los informes
anuales del ministerio de Educación y PISA, la educación canaria se
sitúa a la cabeza del fracaso escolar. También según el último
informe de Caixa Catalunya, el abandono escolar prematuro en este
archipiélago atlántico se calcula en un 36,9% frente a una media
española del 31%, y nuestro nivel de graduados universitarios es 18
puntos más bajo que la media estatal.
También en la
aplicación de la Ley de la Dependencia ocupamos el dudoso honor del
vagón de cola, según los últimos datos publicados por el ministerio
de Sanidad y Política Social...
Y mientras esto
sucede el Gobierno Canario anuncia un recorte de 90 millones en
Sanidad y 50 en Educación ¡como si nos sobrara! ¡Precisamente en las
áreas en las que su presencia son imprescindibles para el
desarrollo integral de este pueblo! y nos enteramos por los medios
de comunicación que, justo cuando más se necesita la inversión
pública para incentivar el empleo, la Consejería de Obras Públicas
no ha adjudicado ninguna obra nueva en el último año…
Además, nuestro
sector financiero se sitúa apenas en un 1% del PIB; la agricultura
intensiva, a expensas de las subvenciones externas, se encuentra
dando sus últimos estertores; la industria ha descendido ocho
puntos posicionándose a la cola de las del Estado; el turismo, desde
la especulación sin límites, está sufriendo un enorme retroceso,
hasta el punto de que las Islas han sufrido la mayor caída de
ingresos turísticos de toda España; también en la producción de
energías renovables -ya hemos dicho otras veces que por corrupción y
dejación- nos encontramos en el último lugar…
Fruto de una
negociación chapucera del Gobierno canario con el central, Canarias
se ha instalado igualmente en los últimos lugares de la financiación
de las comunidades autonómicas, hipotecando el futuro de
generaciones de paisanos, al percibir 500 millones de euros anuales
menos de los que le correspondían durante cada uno de los próximos
diez años, lo que equivale a 830.000 millones de pesetas. Y, para
colmo, el Gobierno central presenta unos presupuestos para 2010
donde figuramos, otra vez, en el antepenúltimo lugar en inversión
directa por habitante ( 275 euros por persona, frente a la media de
511 euros estatal).
Podría seguir y
seguir poniendo indicadores sobre la mesa que nos hablan de la
penosa situación que padecemos y en la que nos ha colocado en estos
últimos años este gobierno popular-nacionalista, pero permítanme
que, al tiempo, señale algún preocupante déficit democrático que
perturba la convivencia en este pueblo.
Nuestro sistema
electoral hace que más de 150.000 canarios tiren directamente su
voto a la papelera ya que la aplicación de los porcentajes
establecida desprecia, dejando fuera de las instituciones
democráticas, a estos ciudadanos y sus opciones políticas; los
órganos que en teoría deben fiscalizar el funcionamiento de la
Administración y el Gobierno (Audiencia de Cuentas, Consejo
Consultivo, Diputado del Común....) se encuentran en situación de
provisionalidad, prorrogándose año tras año su renovación tras haber
caducado su periodo de ejercicio; la televisión pública es el
paradigma del derroche, la aculturización y el entreguismo político;
el nivel de crispación y el ninguneo a las administraciones locales
por parte del Gobierno canario no había alcanzado nunca estos
extremos; los pactos antinatura, como los recientes de Lanzarote, se
suceden sin ningún tipo de pudor o vergüenza democrática…
La verdad es que
podríamos seguir aportando datos y datos sobre esta terrible
realidad. Y es que no hay peor pandemia que la que va minando la
capacidad de superación, de desarrollo y de autoestima de un pueblo.
Padecemos una auténtica enfermedad para la que no se vislumbra
ningún tipo de vacunas, y que no podremos solucionar con la
cataplasma paliativa de la aceptación pasiva sino con una cirugía
radical que extirpe lo peor de la política canaria. Sólo saldremos
adelante cuando los ciudadanos asuman que únicamente con su
participación decidida es posible una alternativa socioeconómica
real para Canarias.
(*) Antonio Morales es Alcalde de Agüimes.
Imagen: Paulino y Soria.
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